Monocultivos de pinos y eucaliptos: nacidos para arder

Viendo las imágenes del incendio de Portugal, observo con pesar lo despacio que aprende el ser humano. La causa del incendio fué un rayo, o varios, pero la causa de la extrema vulnerabilidad al fuego de ese entorno es humana. Y digo entorno y no bosque, porque no era un bosque, sino una plantación de árboles, de las especies más incendiables que existen (pinos, eucaliptos), plantados muy muy juntos, como los cabellos de una cabeza. Es como tener una hoguera preparada; una auténtica ratonera. Yo pasé por esa zona hace unos años y daba escalofríos.  Una confluencia de circunstancias desató la tormenta perfecta.  

El problema no es la “falta de limpieza” del bosque, o no sólo. Cuando el ecosistema es sano y biodiverso, los herbívoros pueden vivir ahí y se encargan de comer la hierba, además de los frutos.  Pero en esas plantaciones de árboles la presencia de animales es baja, porque a ver a ver quien aguanta en semejante entorno tan adverso.

En la gestión tradicional del bosque, los vecinos se encargaban de recoger la leña, que era la parte que los animales no podían comer.  El gran cambio llegó con la sustitución del bosque por la “explotación forestal”.   Si tratas la tierra como una mera fábrica de árboles/productos, sin una mínima visión ecosistémica, el resultado sólo puede ser desastroso. Como decía Vandana Shiva:

“aplicar el paradigma de la ingeniería a la vida produce un aumento de los problemas”

Y lo peor es que sigue sin entenderse, y no se observan acciones para clarear esos “bosques”, biodiversificarlos, acercarnos a su verdadera naturaleza.   En muchas instancias oficiales, plantar árboles sigue significando plantar pinos.  Lo que habría que hacer es ir eliminando pinos y plantando otras cosas más cercanas al ecosistema original, reducir su proporción.  Que sí, que es una buena especie pionera en zonas muy degradadas, pero hay que continuar con la sucesión de especies, cosa que no se hace.

Lo que ocurre cada verano en Galicia, o los grandes incendios en Chile en el ultimo año responden al mismo patrón.

Los problemas que generan esas especies son:

  • Eucaliptus:  acaparan el agua, por lo que resecan y deshidratan el terreno. Con el calor, los eucaliptus desprenden un alcohol (eucaliptol) extremadamente inflamable.  De ese alcohol toman el nombre las “montañas azules” de Australia, país de donde proviene esta especie y donde cada verano se desatan incendios salvajes. Las hojas se descomponen con mucha dificultad, son un combustible perfecto.  La madera es de rápida combustión.
  • Pinos:  Es una buena especie pionera en zonas degradadas, y natural en muchas zonas. El problema es su monocultivo en alta concentración, o en zonas donde las especies adecuadas son otras.  Tanto la madera como las acídulas y las piñas son de rápida combustión, y la resina es altamente inflamable.

Ciñendonos exclusivamente a la combustibilidad de la madera, cualquiera que haya visto cómo arde la leña de encina o roble y la de pino o eucalipto habrá observado que la velocidad de combustión es mucho más rápida en los segundos.  Es decir, que cuando se produce un incendio, la virulencia en el caso del pinar/eucaliptal es mayor.  En esta foto tomada tras el incendio en Portugal puede observarse claramente la diferencia entre la susceptibilidad al fuego del eucaliptal y de una granja con robles, castaños, olivos y saúcos.


La capa de hojas de eucalipto o acídulas secas se descompone con muchísima dificultad, dificultad agravada por la falta de excrementos de animales, y por tanto, de humedad, bacterias y humus.  Esta base de materia menuda seca de combustión rápida equivaldría al papel que ponemos en la base de una hoguera/chimenea para que prenda rápidamente.

En ambas especies, el fuego produce un efecto de “bomba de racimo” en las semillas, que promueven su reproducción. Son especies pirófitas, y muy dominantes.  Por eso urge reforestar esas zonas con especies autóctonas.

En Portugal, la vegetación oscila entre el bosque de roble/castaño propio del norte y la dehesa/bosque mediterráneo conforme se avanza hacia el sur.  Cuanto más seca la zona, más importante es preservar el efecto “mosaico”.

Las fotos al pié de esta entrada son de la dehesa de El Saler.  Un pinar biodiverso, con gran variedad de arbustos y plantas, como aladiernos, mirtos, y otras especies.  El pino probablemente no supere ni el 50% de la masa boscosa.  Eso no es un pinar, es un ecosistema.  A la naturaleza no le gusta lo simple, porque cuanto más biodiverso es un bosque, más resiliente y productivo.  Entendiendo “productivo” no (solo) como la producción de materias primas para el ser humano, sino como un conjunto diverso de servicios a la comunidad de habitantes del bosque, al suelo y al clima.

 


Y ni siquiera hemos hablado de las abejas, las aves y otras especies perjudicadas por la visión industrial del “bosque”.  Tampoco del cambio climático.   No basta con “plantar árboles”: una errónea selección de las especies de árboles ha sido causa de un agravamiento del cambio climático en Europa.

Como dice Benigno Varilla, los incendios se previenen 40 años antes.