Monocultivos de pinos y eucaliptos: nacidos para arder

19 Jun

Viendo las imágenes del incendio de Portugal, observo con pesar lo despacio que aprende el ser humano. La causa del incendio fué un rayo, o varios, en otros casos son provocados, pero la causa de la extrema vulnerabilidad al fuego de ese entorno es humana. Y digo entorno y no bosque, porque no era un bosque, sino una plantación de árboles, de las especies más incendiables que existen (pinos, eucaliptos), plantados/reproducidos muy muy juntos, como en una cabellera. Es como tener una hoguera preparada; una auténtica ratonera. Yo pasé por esa zona hace unos años y daba escalofríos.  Una confluencia de circunstancias desató la tormenta perfecta.  

El problema no es la “falta de limpieza” del bosque, o no sólo. Cuando el ecosistema es sano y biodiverso, los herbívoros puedenprosperar y se encargan de comer la hierba, además de los frutos.  Pero en esas plantaciones de árboles la presencia de animales es baja, porque a ver a ver quien aguanta en un entorno tan inhóspito, tan anti-vida.  Es hora de diferenciar un bosque “con” pinos y otras especies, de una plantación “de” pinos, porque no es lo mismo.  Los eucaliptales son aún peor.

En la gestión tradicional del bosque, los vecinos se encargaban de recoger la leña, que era la parte que los animales no podían comer.  El gran cambio llegó con la sustitución del bosque por la “explotación forestal”.   Si tratas la tierra como una mera fábrica expendedora de madera, sin una mínima visión ecosistémica ni consciencia de su importancia, el resultado sólo puede ser desastroso, y no sólo en términos de biodiversidad.   Como decía Vandana Shiva:

“aplicar el paradigma de la ingeniería a la vida
produce un aumento de los problemas”

 

Y los estudios forestales son una “ingeniería”.  Y lo peor es que sigue sin entenderse.  No sólo no se observan acciones para clarear esos “bosques”, biodiversificarlos, introducir especies autóctonas de árboles y arbustos (¡¡¡que también son importantes!!!), acercarlos a su verdadera naturaleza.   En muchas instancias oficiales, “plantar árboles” todavía equivale a “plantar pinos”.   Que sí, que el pino es una buena especie pionera en zonas muy degradadas, pero hay que continuar con la sucesión de especies, cosa que no sólo no se hace, sino que en muchas comunidades está prohibido cortar ni un árbol (¡aunque esté enfermo y se esté cayendo sobre el tejado de tu casa),  ni siquiera  para hacer una sucesión inteligente hacia un ecosistema más parecido al original, reduciendo la proporción de pinos e introduciendo otras especies autóctonas.    ¡¡Que cortedad de vista tan grande!!   

Lo que ocurre cada verano en Galicia, o en el mediterráneo, o los grandes incendios en Chile en el ultimo año responden al mismo patrón.

Los problemas que generan estas repoblaciones a capón son:

  • Eucaliptus:  acaparan el agua, por lo que resecan y deshidratan el terreno. Con el calor, los eucaliptus desprenden un alcohol (eucaliptol) extremadamente inflamable.  De ese alcohol toman el nombre las “montañas azules” de Australia, país de donde proviene esta especie y donde cada verano se desatan incendios salvajes. Las hojas se descomponen con mucha dificultad, son un combustible perfecto.  La madera es de rápida combustión.
  • Pinos:  Es una buena especie pionera en zonas degradadas, y natural en muchas zonas. El problema es su monocultivo en alta concentración, o en zonas donde las especies adecuadas son otras.  Tanto la madera como las acídulas y las piñas son de rápida combustión, y la resina es altamente inflamable.

Ambas generan un suelo pobre, con poco humus y materia que no se descompone, en el que suele abundar la jara, un arbusto altamente inflamable, también.   La capa de hojas de eucalipto o acídulas secas de pino se descompone con muchísima dificultad, dificultad agravada por la falta de excrementos de animales, y por tanto, de humedad, bacterias y humus.  Esta base de materia menuda seca de combustión rápida equivaldría al papel que ponemos en la base de una hoguera/chimenea para que prenda rápidamente.

Ciñendonos exclusivamente a la combustibilidad de la madera, cualquiera que haya visto cómo arde la leña de encina o roble y la de pino o eucalipto habrá observado que la velocidad de combustión es mucho más rápida en los segundos.  Es decir, que cuando se produce un incendio, la virulencia en el caso del pinar/eucaliptal es mayor.  En esta foto tomada tras el incendio en Portugal puede observarse claramente la diferencia entre la susceptibilidad al fuego del eucaliptal y de una granja con robles, castaños, olivos y saúcos, que ha quedado intacta.

En ambas especies, el fuego produce un efecto de “bomba de racimo” en las semillas, que promueven su reproducción. Son especies pirófitas, y muy dominantes.  Por eso tras un incendio vuelven a surgir las mismas especies, por eso urge reforestar esas zonas con especies autóctonas.

En Portugal, la vegetación oscila entre el bosque de roble/castaño propio del norte y la dehesa/bosque mediterráneo conforme se avanza hacia el sur.  Cuanto más seca la zona, más importante es preservar el efecto “mosaico”.

Las fotos al pié de esta entrada son de la dehesa de El Saler.  Un pinar biodiverso, con gran variedad de arbustos y plantas, como aladiernos, mirtos, lentiscos, torviscos y otras especies.  El pino probablemente no supere ni el 50% de la masa boscosa.  Eso no es un pinar, es un ecosistema.  A la naturaleza no le gusta lo simple, porque cuanto más simple es un ecosistema, mas vulnerable y menos vida.  Cuanto más biodiverso es un bosque, más resiliente y productivo.  Entendiendo “productivo” no (solo) como la producción de materias primas para el ser humano, sino como un conjunto diverso e interrelacionado de servicios a la comunidad de habitantes del bosque, al suelo y al clima.

 


Y ni siquiera hemos hablado de las abejas, las aves y otras especies perjudicadas por la visión industrial y extractiva del “bosque”.  Tampoco del cambio climático.   No basta con “plantar árboles”: una errónea selección de las especies de árboles ha sido causa de un agravamiento del cambio climático en Europa.

Como dice Benigno Varilla, los incendios se previenen 40 años antes.