No culpemos al cambio climático de la desertificación y la sequía

Se ha convertido en nuevo dogma atribuir la causa de la creciente improductividad y erosión de las fincas agrícolas al cambio climático, tanto entre productores como entre los gestores.  Y sí, hay un problema climático global, que duda cabe, pero afecta mucho menos de lo que están afectando las actuales prácticas agricolas, ganaderas e incluso, en cierta medida, forestales.

Una parte importante del territorio español está afectado por una desertificación avanzada, y buscar al culpable ahí fuera nos está impidiendo ver hasta qué punto lo que estamos haciendo aquí dentro está contribuyendo a erosionar los terrenos y modificar el clima localmente.  La realidad es que el cambio climático afecta a la agricultura, es cierto, pero lo contrario también lo es: la agricultura industrial, tal como se practica hoy en día, contribuye directamente al calentamiento global.  Y sobre esto último sí tenemos control: podemos hacer las cosas de manera diferente.

En todo proceso de desertificación del terreno se producen varios hechos interrelacionados entre sí:

  • Progresiva desaparición de la capa fértil, de la estructura y porosidad del suelo, de la red de micorrizas y vida microbiana del suelo. Disminución progresiva de la materia orgánica del terreno y del carbono incorporado en el mismo.  Se trata, por tanto, de carbono que se acaba en la atmósfera, agravando el calentamiento global.
  • La disminución del carbono en el suelo y la compactación del mismo reduce la capacidad del terreno para absorber y retener el agua de lluvia cuando cae (el terreno se deshidrata), y también para generar nubes (las lluvias disminuyen, aumenta la insolación y por tanto la temperatura). 
  • La falta de vegetación genera un aumento de la temperatura local.

¿Hasta qué punto lo que se está haciendo en agricultura / ganadería y gestión del territorio contribuye directamente a generar estos efectos?  Repasemos qué nos muestran algunos de los últimos descubrimientos científicos:

¿Y qué podemos hacer?

Te invito a ver estos vídeos, que demuestran que, trabajando a favor de la naturaleza y de sus leyes, y no contra ella como se hace ahora, es posible revertir la desertificación y regenerar la fertilidad y productividad de la tierra, restaurar los cursos de agua, y volver a la vida lo que parecía muerto. Pero reconducir la inercia destructiva requiere trabajo, respeto por la tierra y sobre todo, un conocimiento profundo de cómo funciona la naturaleza, para trabajar con ella y no contra ella.

 

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