La nueva revolución del nacimiento

La Nueva Revolución del Nacimiento

 

III versión

Esta obra fué inicialmente publicada en 1994 por Editorial Edaf.  Fué revisada y publicada de nuevo en 2006 por ediciones Granica, y reactualizada y publicada de nuevo en 2014 por Editorial Obstare.

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Cuando escribí la primera versión de La Revolución del Nacimiento, en 1994, no pretendía escribir, y mucho menos publicar, un libro.  Escribí un artículo, pero había tanto que decir, me salió tan largo, que alguien me sugirió: «aquí hay un libro ¿por qué no lo completas y lo publicas?».

Mi formación anterior en varias medicinas complementarias (medicina tradicional china, acupuntura, etc.). habían instalado en mí la certeza de que el cuerpo (la naturaleza) es es inteligente, y cuando comprobé de cerca la forma en que se atendían los partos (y que aún se atienden en muchos sitios), algo hizo click en mi cabeza:  aquello no estaba bien.

La forma en que llegó a mí la información necesaria, en una época en la que no había internet, fué bastante mágica, tanto como su publicación, que fué muy fácil y fruto de algunas casualidades, (y del apoyo de Enrique Lebrero y Consuelo Catalá, de la Clínica Acuario, también).   Hoy en día, en 2023, 28 años después, todavía hay matronas que me dicen  «leí tu libro cuando estaba haciendo la residencia y …».

En 2006  vino a Madrid a Madrid la ginecóloga-obstetra Gro Nylander para presentar su libro Maternidad y Lactancia.  No recuerdo cómo sucedió fué el contacto con ediciones Granica, pero el caso es que ayudé en la traducción al español de la charla de Gro Nylander.   Tras algunas conversaciones, Marina Granica me propuso revisar y volver a publicar LRN, que salió en 2006, esta vez completado con valiosos testimonios tanto de mujeres como de profesionales que aportaron la voz de las madres.   Porque … ¿puede haber ciencia sin experiencia?.    Tengo que agradecer a Rosa Montero el impulso que dio al libro con su columna en el dominical del País titulada El desastre de parir.  El volumen de cartas al director fué tal que 3 semanas después dedicaron la sección de cartas exclusivamente a ese tema, con opiniones a favor y en contra.  Era un tema del que no se hablaba.

Anteriormente, en 2004, un grupo de mujeres habíamos fundado la asociación El Parto es Nuestro, movidas por el deseo de hacer algo para mejorar la atención a madres y bebés en la etapa perinatal.    Pocos años después, en 2008, se publicó la Estrategia de Atención al parto normal del Ministerio de Sanidad en la que la que participamos algunas personas de la asociación.  Unos años antes Concha Colomer, que estaba al frente del Observatorio de salud de las mujeres, convocó a una docena de asociaciones para “elaborar un folleto sobre embarazo y parto para los centros de salud”, y creo sinceramente que no esperaba escuchar lo que escuchó, ni la cola que iba a traer aquella primera iniciativa…  Los documentales “Los dolores del parto” y de Linea 900 dieron el empujoncito final para que finalmente el Observatorio de Salud de las mujeres abordara el tema.

Después de la publicación de la Estrategia se abordó la elaboración de la Guía de Atención al parto normal, cuya primera versión se publicó en 2010.  Tuve la oportunidad de participar en los grupos de trabajo que participaron en elaboración de la guía, en representación de la asociación.   La revisión de la literatura científica que implicó para todos los participantes me dió la oportunidad de seguir comprobando hasta qué punto la ciencia nos daba la razón.

Ediciones Granica se fué de España, La Revolución del Nacimiento se descatalogó, y en 2013 Eva, de la editorial Obstare, me propuso volverlo a publicar, a lo que al principio yo respondí -habiendo participado en estos procesos-  que «ya no hacía falta».  Accedí a revisarlo de nuevo sobre todo pensando en Latinoamerica y sus astronómicas tasas de cesáreas, y de cara a mi participación en unas jornadas en Guadalajara (Mexico).  De nuevo aproveché para revisarlo incorporando la última evidencia científica.   Finalmente la última versión del libro se publicó en 2014 y el tiempo ha demostrado que sí, que seguía haciendo falta, y que las mejoras pueden ser frágiles e inestables si no hay un cambio a nivel sistémico, organizacional e individual.

Si hubiera publicado hoy el libro, probablemente no lo habría llamado «La Revolución del Nacimiento…», sino «Ecología del Nacimiento», ya que la naturaleza es inteligente pero esa inteligencia sólo puede expresarse cuando el entorno es adecuado, y la forma medicalizada de atender el parto no es más que una manifestación más de nuestra visión lineal y mecanicista del mundo en general y los procesos naturales en particular.

 

Indice

Parte I.  El nacimiento de los mamíferos

  • Tres cerebros en uno.
  • El parto de la especie más inteligente
  • La cruda realidad
  • El bebé también es un mamífero

Parte II. Acerca del parto medicalizado

  • La intimidad
  • La postura
  • Rotura de membranas
  • Oxitocina. La química y la bioquímica
  • Episiotomía
  • Partos instrumentales y Kristeller
  • Cesáreas
  • El pinzamiento del cordón umbilical
  • Médicos y comadronas
  • Parto hospitalario, parto en casa
  • Lactancia materna: la clave está en el parto
  • Cuidados Madre Canguro

Parte III. Aspectos históricos y psicosociales del parto y nacimiento

  • Unas palabras acerca de la mortalidad perinatal
  • Buen trato, mal trato
  • A propósito del vínculo
  • Una nueva visión del viejo acontecimiento de nacer
  • Obstetricia y sociedad
  • La transición

Epílogo: El norte de Europa, un norte hacia el que navegar. Por Adela Recio.

 

Introducción a la ultima edición

Han pasado casi 20 años desde que se publicó la primera versión de La Revolución del Nacimiento.  Desde entonces, en algunos sentidos las cosas han cambiado mucho; en otros, casi nada. Quisiera destacar dos acontecimientos que han tenido una profunda influencia sobre el panorama de la atención al parto en España: en el año 2003, la constitución de la Asociación El Parto es Nuestro, y en el 2007, la publicación por parte del Ministerio de Sanidad (Observatorio de Salud de las Mujeres) de la Estrategia de Atención al Parto Normal del Sistema Nacional de Salud, y posteriormente las guías que la desarrollan. Sin el primer acontecimiento no se habría producido el segundo.

Cuando la colección en la que fué publicada la segunda versión de este libro desapareció, no pensé que volvería a publicarse de nuevo; sinceramente, estaba convencida de que el asunto ya estaba “en vías de solución”. Habiendo formado parte del grupo elaborador de la Guía de Práctica Clínica de Atención al Parto (la GPC publicada en 2010)[3] en representación de la asociación, inocentemente creí que el tiempo para un libro como éste, sencillamente, había pasado … ¡Afortunadamente! Cuando Eva Darias, de la editorial Obstare, me proponía volver a publicarlo, yo le respondía que “ya no hacía falta”, aunque quizá sí para Latinoamerica, cuyas astronómicas tasas de cesáreas impresionan y son el síntoma visible de un sistema de atención al parto profundamente medicalizado.

Sin embargo, el tiempo ha pasado, y los grandes cambios que auguraba la Estrategia de Atención al parto no se han producido, o no en la medida en que cabía esperar, ni en proporción a la calidad y profundidad del trabajo realizado. Los testimonios de las mujeres y de un sector de los profesionales, y las estadísticas de intervenciones, tanto las oficiales como las elaboradas por la asociación El Parto es Nuestro, han demostrado que los cambios, en muchos sitios, son más cosméticos que de fondo, y que ha cambiado más el discurso que la práctica. O lo que es lo mismo, en muchos centros han cambiado unas pocas cosas accesorias, para continuar prácticamente igual que antes.

Esto ha demostrado varias cosas: la primera, que hay profesionales /centros que no están interesados en cambiar el estado de cosas. La segunda, algo inaudito, e impensable en otras especialidades médicas: que se lo pueden permitir. O dicho de otro modo, la obstetricia (y muchos aspectos la neonatología) continúa disfrutando de un exceso de poder, que unido a una evidente falta de consciencia, sigue manteniendo en gran medida el estado de cosas a pesar de las recomendaciones oficiales y del trabajo realizado. La tercera: que es difícil cambiar prácticas cuando estos cambios desafían el sistema interno de creencias y valores, tanto a nivel personal como colectivo. Y una gran parte de la atención al parto que se presta actualmente está más cerca del mito y la creencia que de la ciencia.

Así, hoy por hoy no existe ningún mecanismo interno que obligue a los centros sanitarios y a los profesionales a actualizarse. Eso hace que en algunos hospitales las nuevas recomendaciones se apliquen, en otros se apliquen a medias o según los profesionales, que en otros no se apliquen en absoluto, que en algún hospital donde se habían realizado grandes progresos todo regrese al estado inicial simplemente porque ha cambiado el Jefe de Servicio, o que sea el Jefe de Servicio quien quiera aplicar los cambios y algunos o todos los profesionales se resistan. Esta discrecionalidad a la hora de aplicar o no las nuevas directrices es tanto más inexplicable cuando que no son impuestas desde arriba por un principio de autoridad (como ocurre en Educación, por ejemplo), sino elaboradas por los propios profesionales a través de sus sociedades científicas (de obstetras, matronas, pediatras), basados en la literatura científica más actual, y refrendados por los consejeros de Sanidad de todas las Comunidades Autónomas, a través del Consejo Interterritorial de Salud.

Así, seis años después de la publicación de la primera versión de la Estrategia (2007) y tres años después de la publicación de la GPC, sí ha mejorado en algunos aspectos. Por ejemplo, la tasa de episiotomías ha descendido del 68% (en 2004) al 43% en 2010. No así el resto de las prácticas: un 87% de las mujeres sigue pariendo en posición de litotomía (tumbada boca arriba), la oxitocina sigue administrándose en un 53,3% de los partos, las inducciones no sólo no han descendido, sino que han aumentado hasta el 19,4%, los partos instrumentales (fórceps y ventosas), también se han incrementado, afectando al 15% de todos los partos, y las de la maniobra Kristeller, un astronómico 26%. Estas cifras se refieren a la sanidad pública, en la sanidad privada la medicalización es aún mayor: por ejemplo, los índices de cesáreas siempre han sido alrededor de un 50% superior que en la sanidad pública; las inducciones, en algunas clínicas privadas pueden llegar a alcanzar cifras de más del 40%. [4] [5] [6].

Aún así, hoy en día sí es posible encontrar algunos hospitales con una atención al parto más respetuosa.

En Latinoamerica la industrialización del nacimiento alcanza proporciones epidémicas, y nada mejor que las tasas de cesáreas para tomar el pulso al sistema: en Chile en la medicina pública rondan el 38%, el 70% en la privada, en Argentina, el 25-30% en la pública, 45-50% en la privada, en Colombia, en la sanidad privada rondan el 70-80%[7]. En México, la media es del 45%, que llega a alcanzar el 70% en las clínicas privadas. En el resto de países las cifras son similares.

Estas son las estadísticas objetivas. No hay cifras que reflejen la verdadera iatrogenia de este encarnizamiento, el daño evitable a las madres y bebés, la afectación de su vínculo, que tanta trascendencia psicológica y social tiene, las lactancias arruinadas, el trauma postparto[8], las secuelas físicas y psíquicas del maltrato y la violencia obstétrica, el derroche económico que implica destinar tantos recursos a operaciones perfectamente innecesarias.

Todo ello demuestra que estamos muy lejos de lograr los objetivos. No estamos ante un mero cambio de prácticas, sino de mentalidad e incluso “de paradigma”, según afirma la Estrategia. Algo que pasa por una toma de consciencia y una transformación interior de cada uno y cada una, y no sólo de los procedimientos y las rutinas. Pero lo que ya parece evidente es  que eso no va a ser un parto espontáneo: hay que trabajar para que suceda.

Eso hace que el papel de las usuarias y usuarios siga siendo vital, e imprescindible para avanzar en la consecución de objetivos: haciendo valer los derechos reconocidos por las leyes sanitarias, que sí se respetan en otras especialidades médicas, evidenciando las malas prácticas y la violencia obstétrica, trabajando por la transparencia exigiendo y haciendo públicas las cifras de intervenciones, presentando reclamaciones cuando es oportuno, solicitando en cada consulta una atención conforme a la evidencia científica, porque ese el estímulo imprescindible para que se apliquen las nuevas directrices. Este último punto es muy importante, ya que sí hay centros y profesionales que han cambiado o están haciendo un gran esfuerzo por cambiar prácticas y actitudes, a menudo nadando contracorriente y con la presión que supone hacerlo en un medio convencional. Que las familias soliciten otro tipo de asistencia es la condición imprescindible para validar ese trabajo y seguir avanzando por esa vía.

Hoy la palabra de moda es “evidencia científica”, esa que se exige para erradicar prácticas que se instalaron sin la más mínima evidencia científica. Hacer las cosas evidentes es también una herramienta necesaria para estimular el cambio, trabajar por la transparencia sacando los hechos del cómodo anonimato que los ampara, como el reciente informe sobre la accesibilidad a las UCIs[9] neonatales publicado por la Asociación El Parto es Nuestro, poniendo nombre a lo que ocurre, como el término “violencia obstétrica” acuñado por las activistas venezolanas, una violencia tan naturalizada que pasa inadvertida, reconociendo el buen trabajo profesional y las mejoras en la atención cuando suceden, realizando campañas de visibilización, como los elocuentes spots realizados por la Asociación argentina Dando a Luz, trabajando en red, como lo hacen la Red Latinoamericana y del Caribe de Humanización del Parto y Nacimiento[10], la Asociación El Parto es Nuestro[11], o ENCA (European Network of Childbirth Associations)[12]

Dice la filosofa Isabel Aler que la primera estrategia de quien detenta el poder en un sistema, ante cualquier intento de modificarlo, es la apropiación del discurso. Eso está sucediendo. Frases como “permitimos que la mujer participe en su parto” (¡¡muchas gracias!!) dejan entrever que en muchos casos, la relación de poder sigue siendo la misma. Sirviendonos de la metáfora del cuento del lobo y los siete cabritillos, embadurnar la pata de harina no convierte al lobo en un cordero.

Busquemos el cambio, pero cuidémonos, a nosotras y nuestros bebés. Cada parto es único e irrepetible.

Isabel Fernandez del Castillo
La nueva revolución del nacimiento
Mayo 2014