El duelo perinatal en la naturaleza, o como lo mamífero nos hace humanos

15 Oct

En 2018 el mundo siguió con sorpresa la increíble historia  (¿cuantas historias increíbles hay de las que no nos enteramos?).  de una madre orca que perdió a su cría al nacer y lo mantuvo a flote durante  ¡¡17 días!!   Un esfuerzo titánico que realizó acompañada por su grupo de orcas.  Si, las madres mamíferas sufren cuando pierden a sus bebés.

Siempre me he preguntado por qué entre tantas materias inútiles que se enseñan en el colegio no aprendemos, entre otras cosas, sobre la naturaleza de los animales, y en concreto sobre los mamíferos humanos, que es lo que somos.  Eso nos ayudaría a conocernos mejor y saber qué necesitamos de verdad para crecer y evolucionar como seres física, emocional, mental, socialmente sanos.    Y lo que esta historia y muchas otras nos enseñan es que el duelo, es decir, las emociones, los sentimientos, los vínculos, el sentimiento de pertenencia, todo lo que tiene que ver con nuestra esfera emocional y social, no depende exclusivamente de nuestra corteza cerebral sino de nuestro sistema límbico, del cerebro emocional, que no es otro que nuestro cerebro mamífero. Si, ese que se nutre y madura en la infancia en el contexto de relaciones afectivas seguras, la más importante de las cuales, la base, el fundamento sobre lo que se construye todo lo demás, es la relación madre-bebé.

Es en esta etapa, y en en ese contexto, cuando se desarrolla el cerebro emocional, puente entre el cerebro reptiliano y el neocórtex, y, como dice Joseph Chilton Pearce, “nada hay más peligroso que un brillante reptil”.   Todos conocemos personas muy inteligentes y humanas, y muy inteligentes y despiadadas,  Ser inteligente, y racional no garantiza ser una persona “humana”.

Sirvan estas líneas escritas en el día en el que tantas familias recuerdan a sus criatura perdidas, para recordar algo que necesitamos tener muy presente:

aquello que nos hace humanos es,
precisamente, lo que tenemos en común

y lo que observamos en la naturaleza es que cuanto más inteligente es una especie, más larga e intensa es la etapa de dependencia de la madre, una madre acompañada y apoyada por su entorno familiar y social.   Que las madres necesiten apoyo ¡¡y tiempo!!!  para criar no es un signo de debilidad, sino de inteligencia.   Que en aras de la “igualdad” no se tenga en cuenta la importancia de maternar es poner la ideología por encima de cualquier otra consideración.  No puede salir bien y además es profundamente injusto.

¿Hay algo más importante que apoyar a las madres y familias para que puedan maternar y criar como precisan nuestras criaturas?