Vivir en la cabeza (y olvido del cuerpo)

big-head-1000Viajo a Ourense a dar un curso, y antes de regresar aprovecho para visitar las termas del Rio Miño. Darme un baño en las pozas al aire libre rodeadas por los bellos colores otoñales del bosque de ribera es un lujo al que no pienso resistirme.

Es una mañana fresca, pero no fría, y llueve ligeramente. Todo es un bálsamo para los sentidos: las maravillosas vistas al río, el murmullo del agua fluyendo, el contraste de temperaturas entre el agua caliente y el aire fresco en la cara, la casi imperceptible lluvia en el rostro, el olor a tierra mojada mezclado con el ligerísimo olor a azufre del agua termal … los sentidos a flor de piel; esto es mindfulness del bueno.

Pero mi estado beatífico no dura mucho; una creciente sensación de incomodidad me va invadiendo. Estermas domingo, llega mucha gente. Empiezo a escuchar conversaciones en voz alta sobre muchas cuestiones: política, la situación económica, las manías del jefe, la jubilación … mi cabeza se pone en marcha, a mi pesar, imposible no escuchar. Compruebo -de nuevo- que no es posible tener la conciencia en el cuerpo y estar en la cabeza al mismo tiempo, y recuerdo a Michel Odent cuando explica que basta con hablar a una parturienta para interrumpir su parto: la mente racional desconecta el cerebro mamífero/ emocional/ hormonal y el parto se interrumpe (a no ser que se fuerce químicamente, claro).

La meditación, que tantos beneficios tiene, trata de interrumpir esa verborrea mental; dar un reposo a la mente racional, observandola, trasladando la conciencia a la respiración.  Estar en un entorno como éste, en realidad, facilita muchísimo entrar en ese estado meditativo; basta con poner la conciencia en el cuerpo y los sentidos; que además es un placer.  Pero es imposible: todo el mundo parece seguir en modo racional ON.

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También pienso en los niños, en cómo la desconexión en la que vivimos adultos nos impide darnos cuenta de lo que les estamos haciendo, al hacerles jugar con el cuerpo literalmente fuera de juego, al desconectarles de la experiencia física en un momento en que toca vivirla a fondo. Que poco cuidamos sus sentidos, en general.

Al marcharme de las termas, me prometo recordar que para ir a este tipo de sitios, es mejor hacerlo en días laborables.