¿Plantar “billones de árboles” contra el cambio climático? Algunas consideraciones eco-lógicas

1 Mar

¿PLANTAR MUCHOS ÁRBOLES O RESTAURAR ECOSISTEMAS?

 

Hay un nuevo mandato de “expertos” difundido y compartido hasta la saciedad:  plantar billones de árboles para mitigar el cambio climático, por el carbono que absorben.   Y cada vez que lo leo, y veo ciertas iniciativas, me acuerdo de esta frase de Gregory Bateson —>
y también de esta otra:

“todos y cada uno de los problemas a que nos enfrentamos hoy son el resultado inevitable de las ‘brillantes’ soluciones de ayer” (Henry Bergman)

Plantar billones de árboles, así, en plan masivo, parece una solución genial, si no fuera porque que se basa en una idea limitada, que solo ha tenido en cuenta un criterio, calculadora en mano: la cantidad de carbono que absorbe cada árbol.  Una “solución” no considera otros criterios como la idoneidad, la variedad de las especies elegidas, la biodiversidad local o la densidad ideal.   En suma, no responde a la pregunta de qué necesita cada territorio en particular que hagamos.   E ignora otro tema importante: uno de los ecosistemas con mayor capacidad para absorber carbono es el suelo.

Pero vayamos por partes:

 

ÁRBOLES, ARBUSTOS Y CAMBIO CLIMÁTICO

 

La absorción de carbono por cada árbol es solo uno de los aspectos de su efecto refrescante sobre el clima.  Otros efectos de los árboles son  (sin ánimo de ser exhaustiva):

* La sombra y la evotranspiración  (intercambio de humedad entre las plantas y la atmósfera) que generan, que reducen la temperatura.   

Esto explica, por ejemplo, que la “limpieza” de los terrenos agrícolas, incluido la eliminación de los setos y vegetación espontánea en las lindes, hayan convertido gran parte de los territorios en enormes islas de calor, que contribuyen al cambio climático.

* +Arboles y arbustos  estructuran y construyen suelo rico en carbono.  La capacidad de absorber carbono (y por tanto agua, ya que el carbono del suelo es una esponja) está ligada a la presencia de hongos en el subsuelo.  Y los árboles y arbustos, (no olvidemos los de hoja caduca) favorecen el desarrollo de estas redes de microrrizas, es decir, que no todo el carbono que almacenan está en el árbol mismo, sino en el suelo.

Normalmente las reforestaciones masivas se componen de una especie, y no siempre la más adecuada (a menudo pinos y eucaliptus), y no hay más que ver el suelo de estos monocultivos para ver su estado.


Cuanto más simple es un ecosistema, más desequilibrado y vulnerable

 

*Arboles y arbustos también ejercen un efecto activador y restaurador del ciclo del agua, favoreciendo la formación de nubes y la bomba biótica.  Esto favorece la vida, genera nubes que protegen la tierra de excesiva exposición al sol, aumenta las lluvias, ayuda a prevenir la desertificación (y las inundaciones cuando llueve).

* Arboles y arbustos proveen hábitat y alimento para insectos (incluidos los tan necesarios polinizadores), aves e incluso mamíferos, por tanto son esenciales para la biodiversidad

* Los ecosistemas sanos y funcionales (no hablo de los desiertos verdes)  son capaces de albergar la flora y fauna autóctona.  Y la fauna alimentar la microbiología del suelo con sus heces y orina, lo que influye en la  captación de carbono por parte del terreno (entre otras cosas).   La falta de animales sobre el terreno es un problema muy grande hoy en día, que está llevando a grandes extensiones de terreno a la desertificación.  (Por eso una dieta vegana universal es ecológicamente inviable…)

Dicho esto es más fácil entender por qué la visión cuantitativa del carbono que absorbe cada árbol no sirve, y el resultado es que los monocultivos de árboles no sólo son un desierto ecológico con una biodiversidad bajo mínimos y un elevado riesgo de incendio, sino que además no resuelven el problema climático.

Aquí van alguna información adicional sobre la importancia del criterio con que se reforesta:  

 

PENSANDO ECOSISTÉMICAMENTE SOBRE EL CLIMA…

Tampoco hay que olvidar que el cambio climático también tiene otras causas que hay que atender, además de las cuestión de emisiones de CO2:

*La estrella de las medidas políticas contra el clima: los tratados de libre comercio.  Antes traíamos las lentejas de Cuenca o Palencia, ahora vienen de Canadá.  Las naranjas vienen de Sudáfrica, los espárragos de China, los pimientos del piquillo del Perú …  Aparte del destrozo de las economías locales  ¿han calculado los políticos que han firmado alegremente este tratado su efecto sobre el clima de ese inútil y prescindible trasiego de mercancías por los océanos del mundo?

*Otra estrella de las políticas europeas contra el clima:  los agrocombustibles, es decir, la destrucción de las selvas para producir palma.  Las selvas son las principales estabilizadoras del clima y del ciclo del agua.  La permisividad con el aceite de palma en la industria es otro escándalo con nefastos efectos climáticos.

*No todo son los árboles: las ballenas, por ejemplo, son esenciales para mitigar el cambio climático (¿podemos dejar de pescarlo todo, dejarles algo que comer?)

*Dejemos en paz el krill (sin krill no hay ballenas), están en la base de la cadena alimentaria no estamos dejando títere con cabeza (si, ya sé que se vende hasta en Mercadona. No, no necesitas krill para tener omega 3. Puedes encontrarlo en las nueces, semillas de lino o calabaza).

*La ganadería regenerativa (no industrial, ni la extensiva) incrementa la incorporación de carbono al suelo.

 

Resumiendo…

Plantar árboles ¡absolutamente sí!  pero no vale cualquier cosa.   Hay que preguntarse no qué queremos hacer, sino qué necesita cada entorno que hagamos, no seguir imponiendo criterios lineales y reduccionistas para “resolver” un problema mientras provocamos otro peor.  Hay mil sitios donde reforestar:  en las lindes de parcelas agrícolas, en los márgenes de carreteras y autopistas, en las zonas periurbanas… pero cuando se trata de zonas rurales, y no digamos de ecosistemas funcionales, hay que pensarlo muy bien.

Y también revisar con urgencia la banal jardinería ornamental que se practica en la mayoría de entornos urbanos y periurbanos, que responden a criterios del siglo XVIII, pero totalmente inadecuada para los tiempos que corren. En tiempos de devastación ecológica, los jardines y parques deben ser un refugio de biodiversidad.  No vale aniquilar todo lo que no planta el jardinero y luego quejarse de que las abejas desaparecen y ya no se ven gorriones.

 

¿Para que sirven los jardines si no se escuchan los grillos?