Permisos iguales e intransferibles: cuando la “igualdad” lineal alimenta la injusticia y la inequidad

15 Sep


Firma por el aumento y transferibilidad de los permisos ma-parentales

 

La Sociedad Española de Pediatría pide la ampliación del permiso maternal hasta los 6 meses y la transferibilidad del permiso paternal

 

Quisiera añadir algunas reflexiones adicionales a este completo informe sobre la verdadera naturaleza y significado del proyecto de ley sobre permisos iguales e intransferibles.  Voy a centrarme en los aspectos biológicos y  psicológicos de este proyecto equivocado e injusto, que, además, no va a hacer que los padres cuiden mejor a sus hijos.    Es un proyecto basado en un concepto lineal, matemático y masculino de la “igualdad”, que en la práctica aumenta los privilegios masculinos, desvaloriza la maternidad biológica e ignora las necesidades de los bebés:   un retroceso bajo la apariencia de modernidad.

  1. El puerperio como etapa de reestructuración física y psicológica

El puerperio no trata sólo “cuidar al bebé”, es también una etapa de recuperación física de la gestación y el parto, y de reestructuración psíquica, que afecta a quien gesta el bebé: la madre.    Gestar, parir, lactar y criar un bebé es -física y psÍquicamente hablando-  una gesta heroica, mucho más heroica que cualquier hazaña deportiva.  La ciencia dice que la mujer necesita un año para recuperarse  (y más en el actual modelo altamente intervencionista de atención al parto).  No para que “todo vuelva a ser como antes”, que nunca lo será, sino por la enorme inversión física que supone la gestación, parto y lactancia, y también por la transformación cerebral y psíquica que conlleva convertirse en madre.

La transformación neurobiológica que experimentan las mujeres en la maternidad no es equiparable de ninguna manera que lo que puede vivir el padre que se convierte en padre.   La naturaleza procura que el bebé tenga la mejor madre posible y lo hace preparando a fondo la madre.  Eso requiere un tiempo de apartarse de la vida laboralmente activa, de reestructuración psíquica y familiar, de readaptación a la nueva situación, de sincronización física y afectiva con el bebé.  “Cuidar al bebé” y amamantarlo se añade a todo eso.  Hay estudios que demuestran que prolongar la baja maternal reduce la incidencia de depresión posparto.   Es un dato importante.  En países como España, el Estado está fallando a las madres.

Equiparar la baja maternal sin tener en cuenta esta realidad y sin antes aumentar la baja maternal es una burla hacia las madres. Sería un desprecio institucional a la maternidad biológica, espoleado por un uso interesado de la palabra “igualdad” para -en realidad- aumentar la histórica discriminación hacia las mujeres -en este caso madres- y los bebés. 

  1. La exterogestación y la construcción de un apego seguro

En las etapas tempranas de la vida, papá no equivale a mamá, y esta verdad está científicamente fundamentada.  Nos guste o no, somos una especie mamífera. Los bebés se gestan en vientre de su madre y ese es su mundo conocido y su hábitat primal, y eso es lo que esperan encontrar al nacer.  Eso hace que  la función materna sea especialmente importante en las primeras etapas de la vida.     “El hábitat natural es el regazo de su madre”, afirma el prestigioso neonatólogo Nils Bergman.  La expectativa del bebé (y de cualquier cría mamífera)  es estar lo más cerca posible de su madre.  Cuanto más pequeño, más importante es la figura materna.  Más allá de las consideraciones ideológicas, culturales y de discurso políticamente correcto, quien tiene la medida de las necesidades de las criaturas son ellas mismas; satisfacerlas o no tiene numerosas implicaciones emocionales y de salud física y mental.

La naturaleza ha previsto que el vínculo con el padre se construya después, paulatinamente, en base a la convivencia y la cercanía.  Pero no es urgente, ni imprescindible que sea en las primeras etapas, debe sumar, proteger, apoyar, pero no suplantar al vínculo madre-bebé.  Lo que sí es importante es el apoyo, tanto de la pareja y entorno familiar como de la sociedad a la díada madre-bebé, para que puedan establecer y desarrollar ese vínculo sano y con tantas implicaciones psicosociales.

El vínculo con la madre y con el padre no son iguales, muy especialmente en las etapas tempranas de la vida.  El vínculo con la madre está neurobiológicamente programado en las especies mamíferas porque es necesario para el desarrollo óptimo de la especie, y el estado hormonal y los comportamientos instintivos en el parto y posparto dirigidos por estas hormonas están orientados a establecer y nutrir este vínculo (si el estado hormonal de la madre se manipula químicamente durante el parto, cosa bastante habitual, la experiencia, comportamientos y estado de ánimo pueden verse afectados).   No olvidemos que las especies mamíferas son más inteligentes de la escala evolutiva, y que cuanto más inteligente la especie, más intensa y larga es la etapa de dependencia de la madre.  Solo hay que echar un vistazo a la naturaleza.

Sobre este vínculo se construyen muchas cosas, desde la regulación de los sistemas fisiológicos, hasta el desarrollo cerebral óptimo pasando por la construcción del vínculo, fundamento de un apego seguro y de la capacidad de construir vínculos sanos posteriormente.  Los vínculos primarios son la base de la inteligencia emocional y social.

  1. La lactancia materna como derecho y como inversión en salud

Todas las instituciones científicas recomiendan la lactancia materna como la alimentación ideal del bebé, en exclusiva hasta los 6 meses y acompañando la introducción de alimentos hasta los dos años.  No voy a entrar en todas las bondades físicas y psicológicas de la lactancia, ya conocidas.   Ser alimentado con leche materna y poder amamantar debería ser un derecho reconocido en las leyes.   ¿Por qué no lo está, siendo que la lactancia materna es una clara inversión en salud?     ¿Dónde están los derechos de las criaturas?    Solo recordar que muchas madres terminan abandonando la lactancia materna prematuramente porque tienen que volver a trabajar a los cuatro meses.

Cuando el argumento para limitar el permiso de maternidad a unas paupérrimas 16 semanas era que no había recursos, observar que de repente sí hay recursos para regalar a los padres otras 16 semanas, a disfrutar en pleno puerperio materno, es como una broma macabra, un tremendo fallo del estado y de la sociedad a las familias, a quienes están gestando la sociedad del futuro. Es constatar que -de nuevo-, se reacciona con rapidez cuando se trata de alimentar privilegios masculinos y a paso de tortuga cuando se trata de trabajar por la equidad (que no igualdad) y para satisfacer las necesidades auténticas de las futuras generaciones y sus familias.

  1. Reformular la cuestión ¿de quien es el derecho a la baja maternal?

Pensar en la baja de pa-maternidad como un “derecho” o una “obligación” de madres y padres es un error de base, que favorece este tipo de interpretaciones simples e injustas del concepto “igualdad”.  En países más avanzados se considera un derecho de las criaturas, que debe satisfacerse del modo más adecuado para ellas, tanto físicamente como psicológicamente.  Más allá de creencias, más allá de ideologías, centrado en las criaturas.  Y también en las madres, que son quienes realizan el insustituible y demandante trabajo de gestar, parir y amamantar a la criatura.    Impedir que las familias -que pueden tener mil situaciones diferentes con infinidad de matices-  puedan organizarse y repartirse el permiso como quieran/ puedan según su circunstancia (reservando la primera etapa a las madres, por supuesto)  es de un paternalismo y un intervencionismo impropio del siglo XXI. 

Que además todo esto se esté haciendo sin consultar a expertos en psicología infantil y perinatal ni asociaciones de madres … retrógrado.  Más de lo mismo: una mayoría de hombres decidiendo en asuntos vitales que conciernen específicamente a las mujeres.

Lo verdaderamente urgente es aumentar la baja maternal, y la paternal también, claro,  sin que necesariamente sea el primer año, sin que necesariamente sea de una vez, dejando a las familias la posibilidad de organizarse.   Es cuestión de dar valor a lo importante y atreverse a ir más allá del discurso lineal, adultocéntrico y matemático de la igualdad entre sexos. Porque a la hora de tener bebés, las necesidades de la fracción más vulnerable de la ecuación -la criatura-, y la madre como protagonista del proceso, deberían estar por encima de cualquier otra consideración ideológica, política, cultural o de mercado.   Sería una injusticia y un error zanjar el conflicto entre ideología/cultura  y psicobiología legislando a favor del elemento más privilegiado de la ecuación (el hombre) y a costa de los más vulnerables y necesitados (el bebé, la madre).  Sería, en suma, una vuelta de tuerca más del patriarcado, burdamente disfrazada de “igualdad”.

 


Firma por el aumento y transferibilidad de los permisos ma-parentales