¡¡Niñ@ eso no se toca!! Sobre los límites que privan de experiencia sensorial y movimiento la infancia

4 Ene

Es época de vacaciones y están por todas partes acompañando a sus padres o abuelos, en las tiendas, grandes grandes almacenes y centros comerciales.  Es una frase que escuchamos constantemente: ¡¡niño, eso no se toca!!  Efectivamente, hay cosas que no se deben tocar: por que es peligroso, porque molesta o simplemente porque no son tuyas.   Pero vayamos un poco más allá…

Esta figura tan extraña es el homúnculo de Penfield. Este dibujo refleja la representación de las distintas zonas del cuerpo en el cerebro.  Y hay dos zonas extremadamente privilegiadas: la boca y las manos.  La boca es un órgano sensorial de primer orden, de hecho, los bebés se llevan todo a la boca.  Todos.

Después están esas descomunales manos, son descomunales porque las manos involucran a regiones muy amplias del cerebro.  Lo que quiere decir este dibujo es que cuando movemos las manos, el cerebro trabaja, se activa, crea sinapsis neuronales, si repetimos la tarea manual, crea circuitos neuronales.  Para desarrollar las estructuras cerebrales básicas, los niños necesitan tocar, desarrollar destreza manual, recibir a través de sus manos y de su cuerpo información sensorial acerca del mundo y de sí mismos en relación al mundo de una forma integrada, a través de una experiencia que involucre todo su ser.  Eso es anterior al desarrollo de la inteligencia cognitiva, que parece ser la prioridad del mundo adultos.  Resulta que el orden de factores sí influye.

El desarrollo de la inteligencia corporal y sensorial es previo al de la inteligencia cognitiva.  Y eso implica que los niños toquen, experimenten y jueguen. 

Volviendo al problema de las cosas que los niños no deben tocar, cabe preguntarse por lo que sí han podido hacer:  ¿cuanto han tocado ese día?  ¿cuanta experiencia sensorial y de movimiento han tenido?  ¿han podido jugar en el parque? ¿cuanto han creado, inventado?  ¿cuantas piedras, tierra, troncos, vida, -en suma- han tocado antes de ir al centro comercial donde no deben tocar nada? ¿han podido jugar físicamente o han estado sentados viendo tele?   Los límites se aceptan mejor cuando previamente se han satisfecho las necesidades fundamentales.  Pulsar teclas en un dispositivo no satisface esas necesidades fundamentales, es un sucedáneo del juego de verdad.  Es un límite al movimiento fácil de poner pero tiene un precio.

Uno de los principales problemas de aprendizaje de los niños de hoy tienen su origen en los trastornos de procesamiento sensorial por falta de una experiencia sensorial saludable, por falta de juego y movimiento.   Estamos tan obsesionados con enseñar a los niños “cosas” que nos hemos olvidado de algo fundamental:   ¿qué tal comenzar por los cimientos?   ¿como se favorece la capacidad de que aprendan esas “cosas” o incluso las aprendan por sí mismos?  Moverse, como muestra la imagen, activa el cerebro.

El exceso de estímulo audiovisual asociado a la inmovilidad y falta de movimiento y de estímulo sensorial saludable está en el origen de muchos trastornos del aprendizaje.  Luego resulta que muchos niños tienen hiperactividad  ¡¡pero si es la generación que menos se mueve de la historia!!  ¿No nos estaremos equivocando en algo?