La salsa roja, o como aturdir el sentido del gusto de los niños con sabores artificiales

10 Oct

06942Es habitual recurrir a diversas estrategias para que los niños se lo coman todo y pronto. Una de ellas es esa salsa de cuyo nombre no quiero acordarme con la que en muchos casos acompañan cualquier cosa: la pasta, el pollo, las patatas fritas …

Y sí, se lo comen todo, pero todo sabe igual. Los niños crecen acostumbrados a sabores fuertes y uniformes, perdiendo de paso miles de oportunidades de disfrutar de infinitos aromas y matices de la comida natural, sin artificios que maquillen su verdadero sabor.

Cabe preguntarse si un paladar infantil sobreestimulado pero falto de sensaciones auténticas puede desarrollar la capacidad de distinguir lo exquisito de lo ramplón, lo artesano de lo industrial, lo que nutre de lo que llena, lo auténtico del sucedáneo. La experiencia demuestra que no.  Muchas veces, niños (¡y adolescentes!) que han comido en casa me han pedido la dichosa salsa para comerse una comida buenísima: no eran capaces de apreciarla. No hay lugar para sutilezas bajo el estímulo de los sabores artificiales, potentes pero planos.

Que los niños tengan criterio y sepan distinguir lo auténtico de lo banal, lo que realmente necesitan y les hace bien de lo que la industria les quiere vender …   ¿no queremos eso para nuestros hijos, en todo? Pues empecemos por la comida.

Quizá si recordáramos que el primer alimento del cerebro son las sensaciones fisicas, lo que entra por los sentidos, veríamos con otros ojos el hecho de cocinar y de comer.

La otra estrategia extendida para que coman sin apenas darse cuenta de lo que comen es la tele.

Y no he entrado en el tema salud …