El hospital no es lugar para partos (reflexiones en tiempos de pandemia)

27 Mar

 

Uno de los efectos de esta pandemia que estamos viviendo es que está dejando al descubierto las debilidades y contradicciones del sistema.  Y una de esas deficiencias, de la que no se está hablando lo suficiente, es cómo esta crisis sanitaria está dañando física y psíquicamente a las madres que están dando a luz en esos días, así como a sus bebés.  No es intencional, obviamente, sino el resultado de tener que parir en un sistema sanitario sobrecargado y al límite, y sobre todo, el resultado de considerar el parto como un acto médico que debe transcurrir necesariamente dentro de las paredes de un hospital, un lugar concebido para curar enfermedades.   Hay partos que requieren asistencia especializada, sí, -según la OMS no más de un 15%-  pero ¿y los demás?   Los demás sólo necesitan acompañamiento, un espacio apropiado y la asistencia por una matrona  que sepa respetar, favorecer  y acompañar el proceso fisiológico  (OMS)  ¿tiene sentido entonces que un proceso fisiológico y necesitado sobre todo de calma y cuidados se asista como si fuera una complicación médica y siempre dentro de un hospital? ¿Qué implicaciones tiene este enfoque patológico de la atención al parto, y más en el contexto de una emergencia sanitaria?

 

No, la atención al parto normal no es un “acto médico” (en principio)

Ayer mismo publicaba la Asociación El Parto es Nuestro el artículo:  ¡¡Que ninguna embarazada pase por urgencias generales!!   Bueno, parece mentira que las mujeres tengan que recordar algo tan elemental.  ¿tiene sentido someter a las parturientas sanas al riesgo de contagio compartiendo las mismas urgencias que los infectados por coronavirus?  ¿Es conveniente someterlas, en un momento tan especial y vulnerable, a ese miedo?   Conviene recordar que el el miedo altera el sistema hormonal y puede complicar el parto,  y que ese miedo no afecta solo a las madres, también a los profesionales que las atienden y por supuesto a sus familiares.   Es más:  ¿Tiene sentido que madres sanas en un proceso fisiológico en principio saludable tengan que compartir los mismos centros sanitarios que personas enfermas, y en este caso, con el riesgo añadido de contagio?

Eso nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta ¿cual sería entonces el entorno y las condiciones idóneas para los partos normales?   Las arquitectas Marta Parra y Angela Müller, pioneras en el rediseño de maternidades pensadas en función de la mujer y la fisiología del parto, también han respondido a esta cuestión en su artículo: “Parir en tiempos de coronavirus. Soluciones urgentes desde la arquitectura para las maternidades hospitalarias“:

“Madres y recién nacidos se convierten en personas de altísima vulnerabilidad, al tener que ir a dar a luz a los hospitales, focos de las infecciones. Conocemos casos de mujeres casi a término, que están aterradas con la idea de tener que ir al hospital a dar a luz durante estas semanas de pandemia, con la incertidumbre acumulada.

Estamos convencidas que una buena solución a medio y largo plazo sería la creación de una red estatal y pública de casas de parto gestionadas por matronas.  Alemania comenzó a hacerlo en el año 1975, y a día de hoy, tenemos todos los conocimientos para implantar este modelo exitoso en España. 

El modelo de casas de partos funciona en Alemania, Holanda y otros países europeos, como edificios o espacios muy cercanos a un hospital, pero fuera de las instalaciones del mismo, para la atención al parto de mujeres embarazadas de bajo riesgo, ya que son la gran mayoría. De modo que en casos de pandemia, estos centros pueden continuar su atención al parto con más normalidad de lo que durante esta crisis están viviendo las miles de parturientas en España.”

Resumiendo: el lugar ideal sería una casa de partos cercana al hospital.  Eso permitiría no sólo ofrecer a las madres un entorno favorable, confortable y hogareño, sino tener la tranquilidad de poder trasladar rápidamente a la parturienta al hospital si se planteara alguna complicación que requiriera atención especializada.

No puedo dejar de mencionar esa otra opción segura para partos de bajo riesgo que es el parto en casa.  *

 

Partos expeditivos o la radicalización de los protocolos en tiempos de pandemia

El primer efecto que tuvo esta crisis sanitaria en muchos hospitales, antes incluso de que la OMS publicase sus recomendaciones, fué el diseño de protocolos que han supuesto un intenso recrudecimiento de la medicalización del parto.   Una radicalización que en algunos hospitales ha arrasado de un plumazo muchos años de trabajo hacia una atención al parto basada en la evidencia científica y más respetuosa con las madres y los bebés.   Hemos visto protocolos redactados a toda velocidad que suponen un catálogo completo de malas prácticas cuando se realizan sin indicación médica:  atención a partos normales por obstetras en lugar de matronas, inducción antes de término o sin necesidad, estimulación con oxitocina sintética para acortar el parto, extracción con ventosa o fórceps para terminar cuanto antes, separación madre-bebé …

Esto cuenta una matrona:

“Es mi lucha todos los días desde que esto empezó:

*En casos positivos y con sospecha, en la mayoría de los hospitales lo que se plantea es “acabar la gestación”. No hay margen, no hay espera. Hay miedo, miedo a que se descompense la embarazada y se acelera todo.  Consecuancia: altas altísimas tasasa de inducciones, cesáreas y partos instrumentales, separaciones y, desde mi punto de vista, iatrogenia.

*En mujeres sanas, sin sospecha, sin clínica … pues a correr igual. Por miedo, por presión asistencial, por falta de camas, por falta de recursos…

*A las embarazadas sanas yo si les diría: espera en casa, apura hasta que estés segura y convencida de que estás de parto. No tengas miedo de parir, parir es fisiológico, es hermoso, es potente.”[dt_gap height=”10″ /]

Este enfoque hipermedicalizado no sólo daña a madres y bebés, sino que ni siquiera es útil para aliviar la presión asistencial.  Es cierto que un parto manipulado puede durar menos, pero también lo es que aumenta la probabilidad de complicaciones y por tanto de ingresos más largos en obstetricia y en neonatología.   El mero hecho de inducir el parto antes de tiempo ya puede desencadenar una cascada de intervenciones (episiotomías, cesáreas, partos instrumentales…)  que no se justifica si esa inducción no cumple criterios médicos sino organizativos.   Estos son los riesgos asociados a las inducciones, según la Sociedad Española de Ginecología y obstetricia:

“A pesar de ser una técnica segura, es preciso reconocer que la inducción del parto conlleva riesgos tanto para la madre como para el feto. En general la duración del parto es mayor, y existe riesgo de una estimulación mayor del útero.  De ello deriva que en los partos inducidos exista un aumento de probabilidades de finalizar el parto por cesárea, el aumento de partos vaginales instrumentales (fórceps, ventosa), mayor necesidad de anestesia epidural, hemorragias posparto y hospitalizaciones más largas. En cuanto a los recién nacidos, la inducción electiva amplía el porcentaje de bebés que necesitan cuidados intensivos neonatales tras el nacimiento. Por ese motivo, es necesario que antes de tomar la decisión de finalizar el embarazo con una inducción se valoren de forma detenida los riesgos y los beneficios esperados.”

A estos riesgos hay que sumar las secuelas psicológicas y las consecuencias sobre el vínculo madre-bebé  asociadas a un parto traumático.

En realidad, no hay ninguna rueda que inventar sobre cómo atender partos normales. Además de las guías de práctica clínica derivadas de la Estrategias de Atención al parto normal, todo consiste en seguir las últimas recomendaciones de la OMS, publicadas en 2019:

Los elementos clave de un enfoque centrado en la mujer incluyen:

  • evitar intervenciones médicas innecesarias, 
  • alentar a las mujeres a moverse libremente durante el trabajo de parto temprano, 
  • elegir su posición de nacimiento 
  • tener acompañamiento de su elección en todo momento. 
  • También significa garantizar la privacidad y confidencialidad y brindar información adecuada sobre el alivio del dolor 

Las secuelas psicológicas de parir bajo presión

Por último, no puedo dejar de mencionar las terribles consecuencias psicológicas de vivir la última etapa del embarazo con sensación de miedo e indefensión y de tener que parir en estas condiciones.  Y hablamos tanto de las madres como de los bebés y sus parejas.   Se estima que, en condiciones normales, un 6-7% de mujeres salen del parto con un síndrome de estrés postraumático que afecta a la salud mental materna en el posparto y al vínculo madre-bebé, con posibles efectos transgeneracionales.   En tiempos de pandemia y altísima medicalización, es esperable que esta iatrogenia psicosocial se dispare, aunque ni se detecte ni se atienda.

Por cierto, los profesionales sanitarios también pueden sufrir estrés postraumático por presenciar o tener que participar en partos traumáticos/ con violencia, lo que repercute no sólo en su salud mental sino en su práctica asistencial.

A este respecto, merece la pena recordar que en 2019 la ONU publicaba el informe  Enfoque basado en los derechos humanos del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica  en el cual alertaba del “fenómeno generalizado y sistemático de esta forma de violencia contra la mujer” e insta a los responsables de cada país a “cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos” y a “encarar los problemas estructurales y las causas profundas de la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva”.  El informe afirmaba explícitamente que “toda intervención no consentida puede considerarse tortura”.

Es necesario visibilizar estas víctimas colaterales de la pandemia, y que esta crisis sanitaria sirva para reflexionar sobre las verdaderas necesidades de las mujeres, bebés y familias, así como para avanzar hacia un sistema de atención al parto que dé valor a lo que es valioso, que proteja a las madres y bebés, y que lo haga un enfoque de género, preventivo, promotor de salud y de derechos humanos, y con la participación de las personas implicadas.

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Más información:

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* Merece la pena recordar un dato sobre la seguridad del parto en hospital y en casa.  Hay una creencia generalizada de que la mortalidad perinatal en los albores de la obstetricia moderna se redujo al trasladar los partos al hospital.  Esa es una lectura muy parcial de los acontecimiento.  Recomiendo leer este magnífico artículo de Rosa Montero sobre el tema, y esta otra cita de Marsden Wagner (OMS)

“Durante los últimos años la mortalidad perinatal ha disminuido muchísimo, y los médicos lo atribuyen a que los partos tienen lugar en los hospitales. No hay ninguna prueba de que esto sea cierto. La evidencia científica es que mueren menos bebés porque hay una mejor nutrición, una mayor salud en la mujer, mejores condiciones de vivienda, y algo muy importante, porque las mujeres tienen menos hijos y los tienen cuando los desean a través de la planificación familiar. Esta es probablemente la mejor razón por la que mueren menos niños que hace veinte años. La explicación está en lo que hacen las mujeres, no los médicos.” Dr. Marsden G. Wagner. Representante de la OMS en salud materno-infantil. 1990.

También es interesante recordar que uno de los sistemas médicos más medicalizados del mundo, Estados Unidos, también tiene las tasas de mortalidad más elevadas del mundo “desarrollado”.