“Educación maternal”, o como infantilizar a la mujer desde el minuto 0

5 Ago

Educacion maternalCada vez que escucho o leo la expresión “educación maternal” o cualquier otra equivalente (educación perinatal, prenatal…), se me enciende la luz roja. No puedo evitarlo.

En mis tiempos se decía “preparación al parto”, que es algo más neutro. Uno puede prepararse físicamente, emocionalmente, mentalmente, espiritualmente, en grupo, en pareja o sola consigo misma, leyendo un libro, meditando, cantando, haciendo un master en obstetricia, practicando yoga, haciendo todo eso o no haciendo nada.

La palabra “educación”, en cambio, tiene otras connotaciones. No por casualidad se emplea exclusivamente en contextos en los cuales hay un experto adulto y una población menor en edad, conocimientos y experiencia que es la que recibe las enseñanzas.

La cuestión resulta aún más paradojica si tenemos en cuenta que, en muchos casos, los cursos de “educación matermal” tienen un temario y un objetivo tan obsoletos y desactualizados como lo es la atención sanitaria de los centros que los imparten. En muchos casos, esos cursos sirven, no para ayudar a la mujer a conocer mejor el proceso, confiar en su cuerpo y conectar con su poder, sino para que interioricen lo que se espera de ellas.

Recuerdo una conversación con una matrona profesora de una unidad docente.  Sus alumnas hicieron un trabajo de fin de curso en el que entrevistaron a un número de madres antes de empezar y después de terminar la “educación maternal”, para preguntarles sobre su intención de pedir la epidural . La sorpresa fué que después de ser “educadas”, el número de mujeres que querían la epidural de entrada había aumentado en un 50%.

El término “educación maternal” y equivalentes se ha ido instalando sin resistencias porque reproduce el esquema de relación entre profesional y usuaria existente en el sistema, según el cual los primeros son los que saben y toman decisiones en nombre de las segundas.  El control de la información, por tanto, es un elemento esencial del mantenimiento del sistema. Es, para no dar más rodeos, infantilizante y desempoderante.

Si al menos la asistencia al parto fuera impecable … pero no, ni siquiera eso.

Me consta que hay profesionales cuyo objetivo es simplemente acompañar, brindar información, favorecer que la mujer tome las riendas de su proceso, y que hacen una gran labor. Solo que eso no es “educación”, es otra cosa.

Las palabras definen las cosas, y tienen un impacto sobre aquello que definen.

Si queremos cambiar el paradigma, quizá habría que ir pensando, también, en nuevas palabras.

Isabel Fernandez del Castillo